La receta o la lista de materiales está en la cabeza de alguien
No está en el sistema, o quedó cargada con las cantidades de cuando se implementó. Cada lote se hace distinto y nadie lo registra.
Implemento el control de producción que el ERP no trae puesto: receta o lista de materiales, consumo real, costo por lote y caja. En 90 días, sin cambiar de sistema.
Diagnóstico sin costo: 10 preguntas y tres hallazgos con cifras, en la misma llamada.
Ficha de ejemplo con datos ficticios. Es el entregable del tercer módulo.
El módulo de producción casi nunca se implementa: se abre el proyecto, se carga el catálogo, se factura, y a los tres meses nadie lo usa. La empresa sigue produciendo de memoria y el sistema solo registra la salida.
Se compró facturación, cartera e impuestos. Producción, costos y consumo real quedaron como una pestaña que nadie configuró.
Pide recetas, centros de trabajo y unidades de medida que nadie definió. Sin esa base el módulo se cae, y queda la sensación de que el software no sirve.
La fórmula dice una cosa, la bodega entrega otra y el producto sale con un tercer rendimiento. Esa diferencia es la merma, y es plata.
Su contador registra lo que pasó. Nadie está mirando lo que se pierde entre la bodega de insumos y el producto terminado.
No está en el sistema, o quedó cargada con las cantidades de cuando se implementó. Cada lote se hace distinto y nadie lo registra.
Se compra por lote y se produce por lote, pero nadie compara lo que salió de bodega con lo que decía la fórmula. La merma aparece al contar, no al producir.
Hay costo total del mes, no costo por referencia, lote o kilo. El precio se fija por intuición o copiando al competidor.
Sin kardex por bodega, sin producto en proceso y con diferencias que se tapan con un ajuste. Lo que no se cuenta, se compra dos veces.
La venta sale con remisión, la factura queda para después y a veces no sale. Es venta perdida y, en Colombia, riesgo tributario.
El informe del mes pasado sirve para cumplir, no para decidir. Cuando llega, la decisión ya se tomó sin números.
Una carrocería y un detergente no se parecen en nada, salvo en lo importante: alguien define una fórmula, alguien la ejecuta distinto y nadie mide esa diferencia.
Piezas, muebles, carrocerías, confección, plásticos, impresión. Cada unidad se puede identificar y contar.
Insumos que se transforman y no se cuentan uno por uno: se miden por kilo, litro o lote producido.
En los dos casos el trabajo es el mismo: definir el patrón, medir el consumo real, costear la diferencia y cerrar contra caja.
No se puede costear lo que no está contado, ni proyectar caja si no se sabe cuánto se entrega y cuánto se factura. El orden no es negociable.
Un solo catálogo y el patrón de producción por producto.
Se cuenta, se firma y se compara contra la fórmula.
Cada producto con su costo real y su margen.
No sale producto sin remisión. No se entrega sin factura.
Cada caso se publica con el problema, lo que se hizo y la cifra que se movió. Sin nombres de clientes y con datos autorizados.
Los primeros casos se publican cuando cierra cada proyecto. Mientras tanto, el diagnóstico de 30 minutos muestra el método con sus propios números.
Un artículo por problema: cómo detectarlo, cuánto cuesta y qué hacer la próxima semana.
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Si le sirven, seguimos. Si no, se los queda igual. No hay presentación ni propuesta genérica: se trabaja con sus números.
Cali y Valle del Cauca · remoto en Colombia